SINOPSIS
Pilatos, que al lavarse las manos le condenó a muerte, no admite la resurrección de Jesús de Nazaret.
Inicia una búsqueda, entre desesperada y policíaca, del cadáver que ha desaparecido de la tumba, para atajar así el rumor de la vuelta a la vida de “el mago de Nazaret”, porque está convencido de que este asunto solo le traerá problemas.
Pero sus investigaciones, muy constantes e intensas, siempre fracasan. El cuerpo no aparece.
Además su esposa Claudia Prócula, de la que está muy enamorado, se va poco a poco haciendo cristiana.
Nace el cristianismo, los discípulos y la misma Claudia afirman haber visto a Jesús resucitado. Pilatos con la razón no puede admitir tales hechos.
¿Puede solo la razón explicarlo todo? ¿Tiene sentido la fe?
ARGUMENTO
Poncio Pilatos, Procurador de Roma en Judea, máxima autoridad en ese territorio judío ocupado por los romanos, tiene por costumbre dar cuenta a su hermano, que vive en Roma, entonces la capital del mundo, de los sucesos, extraños sucesos, que ocurren en Palestina.
Pilatos ha enviado a la muerte, sin estar convencido de su culpabilidad, a Jesús de Nazaret. Su gesto ya universal de lavarse las manos para decir “este asunto no es de mi incumbencia” le ha incrustado en la historia de Occidente.
A los tres días de su crucifixión le comunican que el cuerpo de Jesús ha desaparecido de su tumba y que empieza a correr el rumor de que está vivo, que puede haber regresado de la muerte, lo que indudablemente mitifica su figura entre sus seguidores y puede aumentarlos. Poncio Pilatos, a la luz de su razón, estima dicho acontecimiento imposible y peligroso para la autoridad romana. Piensa que el cuerpo ha sido robado con el fin de crear la leyenda de su resurrección, de la resurrección del Hijo de Dios, como algunos ya proclaman en aquel Jerusalén judío.
Pilatos inicia una búsqueda casi policíaca del cuerpo del que denomina “el mago de Nazaret”, pero siempre que cree haber encontrado la pista que le soluciona el caso, ésta se le viene abajo. El cuerpo de Jesús no aparece y Pilatos se desespera delante de su escriba Sextus, que es quien toma nota de todo, escribe a Roma y es testigo escéptico de todos los sucesos.
La tensión del relato aumenta cada vez que una pista falla. Pilatos se desespera porque pasan las horas y, sobre todo, porque su esposa Claudia Prócula, a quien Jesús en su día curó su enfermedad de hemorroísa, se va haciendo cristiana ante su incomprensión. Pilatos adora a su esposa, a quien debe su carrera política, y ahí se sitúa el primer atisbo de duda del Procurador. Pero, como a cualquiera que le digan que un muerto ha resucitado, sigue pensando que todo se debe a un complot y continúa ansiosamente la búsqueda.
Y así recorremos toda una serie de acontecimientos, desde la crucifixión hasta la posible resurrección de Jesús, en los que aparecen situaciones y personajes que a todos nos son conocidos, pero siempre contemplados desde el racional y muy original punto de vista de Pilatos: San Juan Bautista, los apóstoles y discípulos, Barrabás, Salomé, José de Arimatea, María Magdalena, Herodes, la Virgen María, Caifás, San Juan… etcétera… aparecen y desaparecen en medio de la investigación y la desesperación de Poncio Pilatos durante esos tres días de búsqueda, que son los fundamentales en el origen definitivo y posterior desarrollo de la historia más grande jamás contada. Porque sin resurrección no hubiera habido cristianismo.
Pilatos llega a pensar incluso que Jesús no ha muerto antes de, lógicamente, admitir que ha resucitado. Llega a reproducir la crucifixión en su despacho, según los criterios de su médico, para solucionar el caso suponiendo que Jesús no llegó a morir en la cruz. También esta posibilidad le lleva al fracaso.
Claudia Prócula le abandona y con los discípulos y los primeros seguidores busca a Jesús por los caminos de Galilea, arrastrados por una fuerza inexplicable que les conduce hacia algún lugar que desconocen.
Sin poder resolver el caso y enamorado de su esposa, que le incita a ello, la sigue, la busca, por los caminos palestinos de Galilea donde comprueba como las gentes, igual que su esposa, van detrás de algo que les llama sin saber muy bien qué es. Y en ese camino físico e interior de Pilatos se va instalando la duda y más cuando, por fin y casi como un milagro, encuentra a su esposa Claudia que le manifiesta haber visto a Jesús resucitado y, también, que está embarazada y van a tener su primer hijo.
Los discípulos bajan del Monte Tabor dando cuenta de que Jesús, en medio de una inmensa luz, se ha transfigurado y ha subido a los cielos.
Poncio Pilatos y Claudia Prócula se retiran al puerto de Cesarea para partir hacia Roma y en cada uno de ellos quedan encarnadas las dos grandes corrientes que conviven en el ser humano: Pilatos sólo admite lo que ve o entiende su razón y Claudia admite lo irracional, lo inexplicable.
Y, para su asombro, en Pilatos se empieza a instalar la sospecha de que quizá sólo con la razón no puedan explicarse ciertos fenómenos, ciertas realidades del ser humano. Así aparece el inexplicable fenómeno de la fe que, aún sin poder admitirlo, es la única interpretación que encuentra a los extraños acontecimientos vividos.

Ayer por fin llego el día 13 de Julio, me cogí un autobús desde Teruel con destino Madrid para disfrutar con esta espectacular obra. Los textos son increíbles, la puesta en escena maravillosa, la hora y media, que dura aproximadamente la obra, se me paso volando y que decir de los actores. Julia Torres esta insuperable con sus breves pero precisas apariciones. José Luis de Madariaga esta grandioso y divertido interpretando a Sextus. Y que decir de Joaquín Kremel, si es una maravilla verle actuar en cualquiera de sus trabajos, verle en el papel de Pilatos es un privilegio, esta soberbio, en todo momento te transmite sus preocupaciones, emociones, te convence des sus hipótesis de lo que ha pasado pero siempre acaban en un callejón sin salida… espectacular.
Es una obra llena de intriga, emoción, amor (incluso hay algún momento que tiene erotismo) y sobre todo para mí, al acabar la obra, me dejo maravillada y reflexionando por lo que acababa de ver.
Mereció la pena coger el autobús e ir a verla, lo volvería a hacer sin dudarlo. Espero que la gente vaya a verla porque es impresionante. Muchas gracias por el rato que me hicisteis pasar y además me lleve un par de autógrafos, es que son muy majos la verdad jajaja. Gracias